La Cabaña (The Shack 2017)

La Cabaña
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Hace unas semanas se estrenó en Chile la última entrega de Martin Scorsese “Silencio”, una obra extraordinaria donde el director estadounidense vuelca toda su maestría, conocimientos, creencias, dudas, interrogantes y por sobre todo su amor en una película que trata ese tema que tanto intriga al ser humano, tanto creyente como no creyente: la fe. Y como el Yin no puede existir sin el Yang, esta semana se estrena “La Cabaña”, película que explora sobre el mismo tema, pero con un resultado diametralmente opuesto.

Mackenzie Phillips (Sam Worthington), un hombre de fe con un pasado tortuoso, ha sufrido la peor tragedia que puede sufrir un ser humano, su hija menor Missy (Amélie Eve) fue secuestrada y asesinada durante un paseo familiar. Sumido en la depresión provocada por la pérdida y por la culpabilidad y luego de buscar alivio en Dios sin encontrarlo, Mack está totalmente entregado a su dolor y a su duelo, al borde de perder del todo la poca fe que esta devastadora experiencia le ha dejado. Hasta que recibe una carta del mismísimo Dios invitándolo a encontrarse con él en la misma cabaña donde fue asesinada su hija.

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Basada en el best seller de William Paul Young del mismo nombre, La Cabaña es una película que usa todos los clichés posibles para provocar nudos en la garganta y ojalá abundantes lágrimas y es que el tema es tan doloroso que logra conmover a ratos. Hasta que Mack llega a la cabaña y se encuentra nada menos que con Dios, encarnado por Octavia Spencer, Jesus a manos de Avraham Aviv Alush y el Espítitu Santo interpretado por Sumire Matsubara.

La Cabaña me pareció ingenua, rayando en la tontera y en la obviedad. Trata de convencernos que ese dolor profundo e insoportable que siente Mack se puede aliviar en un fin de semana de sermones sacados de La Biblia, de visiones de paraíso digitalizado y de felicidad extrema, con demostraciones de que todo lo que nos han contado en la iglesia es cierto y que los milagros existen y sobre todo, que no debemos preocuparnos porque aun las tragedias más grandes traen algo bueno.

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Y más y más frases sabias y conmovedoras. No le creí a la Octavia su Dios que sirve té y hace pan amasado, ni a Aviv Alush su Jesús cortando tablas y ni hablar de Matsubara, parecía más una modelo asiática que el Espíritu Sagrado que tanto adoran los católicos. Me pareció que la elección de estos tres actores fue nada más porque ser políticamente correcto está de moda, aquí importó la etnia y no el talento (Shame on you Stuart Hazeldine!). En cuanto a Sam Worthinton, no es el actor indicado para hacer el papel de un padre perdido en la angustia y el dolor inconmesurable de haber perdido una hija. Le falta profundidad, le falta carne y capacidad actoral, sin contar que durante los 132 minutos que dura la película debe luchar contra su acento australiano y a veces simplemente no lo logra (hasta cuándo eligen actores que deben simular acentos gente encargada del casting ¡hay buenos actores en todos lados!).

En resumen, La Cabaña es una película que puede pasar de largo perfectamente, así evita pagar para que su inteligencia sea insultada. Si quiere explorar con profundidad sobre la fe, la culpabilidad, la espiritualidad y el perdón, como ya le dije, vaya a ver una película de verdad, vaya a ver Silencio.

Director: Stuart Hazeldine

Escritores: John Fusco, Andrew Lanham

Protagonistas: Sam Worthington, Octavia Spencer, Avraham Aviv Alush, Sumire Matsubara

Por Marisa Zúñiga

 

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