La Mentira según Orson Welles (F for Fake, 1973)

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El director Orson Welles, probablemente uno de los directores más reconocidos de la historia y quien cambió la forma de entender el cine desde su Ciudadano Kane, aparece en la primera escena de F for Fake declarando que “esta es una película acerca de los trucos y el engaño”, añadiendo que “todo lo aparece en este filme se basa estrictamente en los hechos disponibles”. Para completar el cuadro, Welles nos espera vestido de mago, realizando juegos de prestidigitación y con la seriedad que lo caracterizó siempre. Todo está en el escenario, listo para la función.

La voz de Orson Welles, como en tantas otras de sus películas, instala la impronta de lo que veremos durante la próxima hora y media. Lo que tenemos enfrente es un filme sobre el engaño, pero ¿es esta obra en sí misma una trampa también? ¿Qué es F for Fake?
Partamos por ahí: F for Fake es un documental, la última obra dirigida por Welles, en donde el director recurre a una historia sobre un falsificador de arte y su biógrafo para hablar de las formas en las que el ser humano es engañado. Quienes se hacen cargo de esta trampa son llamados “los expertos practicantes” por el mismo director, quien además se asume como uno de ellos, es decir, una persona capaz de extremar la mentira hasta que no podamos distinguir la realidad de lo falso. Credenciales le sobran y nos lo recuerda desde el principio, haciendo referencia a su famoso radioteatro “La Guerra de los Mundos”, en donde Welles, con 23 años y ganas de comerse el mundo, aterró a todos los Estados Unidos adaptando la obra de H. G. Wells, haciéndoles creer que eran víctimas de una invasión extraterrestre. Welles, entonces, no sólo es un mago, sino que además un experto.

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El cine de Welles se caracterizó durante toda su obra por la presencia de imágenes en la que seguía de forma permanente a sus protagonistas, casi como un vigilante de los mismos, y la inclusión de planos secuencia memorables (la primera secuencia de “Touch of Evil” es canon obligado cuando hablamos de esa técnica). Por eso, la primera entrada en este documental nos llama a la confusión.

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Desconociendo lo que hemos visto antes en su filmografía, nos presenta un plano tras otro, generando un collage e inventando diálogos y reacciones a través de fotografías e imágenes en movimiento. Escuchamos las conversaciones de los protagonistas, pero con tal rapidez, que fácilmente podrían haber sido sacadas de contexto. Claro que en ese momento no somos conscientes de eso; nuestro cerebro se ve deliciosamente engañado. Welles arma su documental con lo que parecen ser recortes de filmaciones aisladas (pero con un mismo objetivo) para entregar una sola obra que nos permite visualizar lo que entiende por “lo falso”, sumando muchas reflexiones personales acerca de su propia experiencia como timador. Por otro lado, de forma tangencial, la figura de Oja Kodar, actriz, guionista y directora que fue pareja de Welles en los últimos años de su vida, sirve como punto de inicio para dos historias que de alguna manera ejemplifican todo lo que el director nos cuenta.

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Para que el artificio exista, debe haber alguien que se preste para ser engañado y alguien que desee engañar. En F for Fake los espectadores creemos firmemente en la treta del director. Nos dejamos llevar, sabiendo que pese a que no podemos confiar en lo que nos muestran los ojos o en la historia que nos cuenta y pasando por encima de ello, nos entregaremos de todas formas a lo que nos presente Welles. Ese manejo de la situación y la forma en la que el director guía su obra es algo a lo que nos acostumbró desde siempre y, de alguna manera, la acción gira alrededor de su persona. Welles es el protagonista absoluto de F for Fake.

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F for Fake deja una sensación en la que no sabemos si lo que vimos es real o no, aunque el sentido último de la obra no es ese. Lo que logramos finalmente es acercarnos a una parte de la visión de Orson Welles acerca de la realidad y de lo frágil que es, de cómo ésta puede ser manipulada y los valores que sustentan lo que entendemos por verdad. Treinta y cinco años después de su debut en la radio, Welles logró difuminar nuevamente la frontera entre realidad y ficción y hasta ahora, lo sigue haciendo.

Por Alepin

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