El Niño y la Bestia (Bakemono No Ko, 2015)

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Hace mucho tiempo que la animación japonesa está tomando el lugar que se merece. Los menos conocedores del tema, que sólo hemos tenido aproximaciones a este tipo de cine a través de los filmes de estudio Ghibli y algunas series de televisión, estamos teniendo cada vez más oportunidades de conocer este mundo.

Sin embargo, no resulta fácil adentrarse en estas películas. Requiere que su espectador se libere de la concepción acerca de las obras de dibujos animados. A diferencia de lo que hemos visto en occidente con compañías como Pixar, la animación no es (necesariamente) sólo para niños. En esta línea, películas como “La Tumba de las Luciérnagas” o “Ninja Scroll” – entre las pocas que he podido ver- no sólo están dirigidas a los adultos, sino que además se escapan de lo que puede ser exhibido al público infantil.

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Se valora entonces que una distribuidora como Diamond Films acepte el desafío de traer a cines nacionales una película como “El Niño y la Bestia” (Bakemono No Ko, 2015). Es verdad, llega con un año de diferencia desde su estreno y tal vez por eso la apuesta de Diamond es tan interesante, promocionando copias en español y subtituladas, advirtiéndose  desde ahí un interés más centrado en dar a conocer el filme que en llenar salas a través de un blockbuster.

La historia de “El Niño y la Bestia” es a primera vista, simple. Un niño, Ren, afectado por la muerte de su madre y el supuesto abandono de su padre, escapa de su casa encontrándose con Kumatetsu, un hombre-bestia llamado a convertirse en señor de Jutengai (Reino de las Bestias). Es uno de los posibles sucesores del actual señor del lugar, pero para ello debe conseguir un discípulo. Un poco a regañadientes, Ren, rebautizado como Kyuuta se transforma en su pupilo, con el interés de ser “tan fuerte como él”.

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Kyuuta es un niño que vivirá todo su paso a la adolescencia y la adultez en compañía de su mentor Kumatetsu y sus amigos, enfrentando los cambios que ello conlleva y que pese a encontrarse viviendo en el Reino de las Bestias, no se diferencian de lo que ocurre con cada persona en sus procesos personales, con todos los claroscuros que ello significa. A fin de cuentas, todos hemos pasado en algún momento u otro por la sensación de no estar donde pertenecemos, obligándonos a tomar decisiones de cambio o permanencia. Por eso, pese a que la película viene del otro lado del mundo, los temas que toca son tan universales que es imposible no empatizar con cada uno de los personajes. En “El Niño y la Bestia” cada personaje está desarrollado y delineado de tal forma que cada uno importa dentro de la historia y, por lo mismo, son capaces de establecer relaciones que parece se dieran naturalmente entre ellos. Estos personajes “existen” y sienten en la pantalla.

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Los miedos de Kyuuta también se hacen presente en este filme. Y es que en el Reino de las Bestias, sus habitantes saben algo que nosotros como humanos desconocemos: cada uno tiene una dosis de oscuridad en su corazón. Kyuuta debe hacer frente a eso, y la forma en la que se resuelve es por lejos de las más hermosas y poéticas que he podido ver.  “El Niño y la Bestia” apela a la emoción, pero no a la sensiblería.

Todo lo anterior se logra con un buen guion y una buena historia, pero también con una dirección que en este caso está a cargo de Mamoru Hosoda, en donde la historia se hace carne y terminamos creyendo en todo lo que ocurre entre Kyuuta, Kumatetsu y todos quienes los rodean. Hosoda es también el guionista y escritor de la historia original, por lo que con mayor razón, se puede sentir un especial cariño y respeto por la obra que nos está entregando. El filme está técnicamente muy bien hecho, con imágenes en las que incluso las coreografías de peleas se ven realizadas con cuidado y apego a la realidad. Son dibujos animados, pero no subestiman a sus espectadores y creo que cumplen todas las expectativas.

“El Niño y la Bestia” no sólo es una buena muestra de lo que la animación japonesa ha ido desarrollando durante todos estos años, sino que también es un llamado de alerta acerca del buen cine que se está realizando y que no podemos dejar pasar por el lado. Sobre todo en este caso, en que tenemos probablemente uno de los mejores estrenos en sala comercial que hemos visto en lo que va del año.

Por Alejandra Pinto

 

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