Black Panther (2018)

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Luego de la explosión que hubo al final de Civil War, donde murió T’Chaka (John Kani) rey de Wakanda, su hijo T’Challa (Chadwick Boseman) el heredero del reino debe probar que es el indicado para llevar el noble título de Rey de Wakanda y de Black Panther. Wakanda es una nación en medio de la selva impenetrable de Africa en donde hace muchos años cayó un meteorito, dejando el territorio con un vasto yacimiento del mineral más preciado: el Vibranium. A través de la historia, sus jerarcas han optado por mantener su nación separada del resto del mundo. Han avanzado en tecnología y su riqueza es interminable, es decir, viven en un paraíso terrenal, muy distinto al de sus empobrecidos vecinos.

Pero como nada es para siempre, tan pronto como T’Challa sube al trono, una amenaza que se cierne sobre Wakanda desde hace un tiempo, se hace presente. Y nada menos que en la forma de Andy Serkis y su personaje Ullyses Klaue, si, el mismísimo Andy sin puntitos en la cara, sin disfraces, el mismo, tal cual. Klaue es un infame traficante de armas que conoce el secreto de Wakanda y que intenta traficar el preciado vibranium. A esto también se suma Erik Killmonger (Michael B. Jordan), un guerrero que dice tener motivos para ser también el Rey de Wakanda. El villano de Jordan es el único personaje masculino interesante, lejos más interesante que el mismo Black Panther. Junto a ellos, está Martin Freeman como el agente de la CIA Everett K. Ross, un personaje que podría perfectamente no estar.

Esta nueva entrega de Marvel nos cuenta los orígenes del primer superhéroe negro. Como tal, no está exenta del discurso a favor de las minorías, en contra de la pobreza y a favor de la repartición de riquezas que tanto ayudaría a las empobrecidas naciones africanas. Su director Ryan Coogler también decidió unirse, notoriamente, a muchas otras producciones y le dio los roles más importantes a mujeres.

Estos personajes están siempre junto a Black Panther y son más aguerridas y funcionan mejor que la mayoría de los personajes masculinos. Lupita Nyong’o como Nakia, interés romántico de T’Challa, una guerrera valiente y decidida, Angela Basset como su madre, Letitia Wright como su hermana Shuri, una genio tecnológica a cargo de crear los dispositivos que ayudarán a T’Challa a convertirse en Black Panther y a defender su país. Y la mejor de todas: Danai Gurira, como Okove, el mejor personaje de la película. Sus escenas de luchas feroces me salvaron de no morir en la sala de cine.

¿Por qué morir? Porque ni las aguerridas mujeres, ni las escenas fantásticas de peleas y enfrentamientos, ni la espectacular fotografía (claro, es África!) logran que ésta pase de ser una película más de súper héroes. Es un intento de ser varias cosas, pero ninguna resulta. EL personaje principal se pierde detrás del villano y de las mujeres que lo acompañan, y se pierde porque su historia no nos provoca ningún interés, no nos llega a importar.

En estas fechas de estrenos de películas candidatas a premios, tal vez para muchos será más fácil optar por Black Panther en lugar de ir a ver las otras que realmente merecen nuestra atención. Le propongo que vea todas las otras películas que pueda, y si le alcanzan las lucas vaya a ver Black Panther. Así no se pierde las que valen más la pena. Pero si decide ir a verla antes y no le queda tiempo para las otras, quédese con los paisajes africanos, las escenas de peleas, esos personajes femeninos feroces, ese villano súper creíble y también quédese con las buenas actuaciones. No se preocupe de argumentos, ni giros, ni sorpresas, porque no las hay.

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